Durante años, realizando encefalogramas y estudiando el sentido de la vida de cada persona a la que trataba —mediante la palpación, la percepción y las pruebas de cada parte del cuerpo, e interrelacionando todo esto— pude establecer ciertos patrones: cada persona, según sus preocupaciones, activa ciertas partes del cerebro conectadas a circuitos del cuerpo, orgánicos y estructurales, por donde somatizamos las tensiones.
Cuando encontré el código de error en la célula y el átomo, comprendí que esas zonas activas del cerebro, somatizadas en el cuerpo, estaban conectadas por ciertas frecuencias y sonidos a ese código erróneo.
Es una interrelación evolutiva asociada a un programa psique–mente–cerebro–soma. Reiniciando el código erróneo y tratando cada una de estas partes, se restablece el flujo energético, circulatorio, neurológico y químico.